dom. Sep 23rd, 2018

Organización Religiosa Popular

La Cofradía de la Vera Cruz

Desde una perspectiva cultual, 10 más importante es la cofradía de la “Santa Vera Cruz”, que por economía linguística se llama de “Santa Cruz”. La fecha de su fundación se desconoce; en los estatutos que se conservan en la actualidad se lee en la pasta: “Regla que se ha de observar entre los hermanos de la cofradía de la Santa Cruz, fundada en caridad en Alcuetas año de … y reformada el 18 de marzo de 1881”. Pensamos que la cofradía sería fundada en el S. XVI o principios del XVII, cuando comienza en España una verdadera eclosión de las cofradías llamadas de “La Vera Cruz”. Si en la iglesia parroquial no hay ningún documento alusivo a dicha cofradía, es porque éstas eran instituciones al margen de la iglesia, y por lo tanto los documentos los ha tenido siempre el Mayordomo.

La noticia más antigua que conservamos de la cofradía, es una tabla escrita a dos tintas que lleva en el encabezamiento: “Memoria de los aniversarios y rentas de fábrica de la iglesia parroquial de Ntra. Señora de la Natividad de esta villa de Alcuetas”, mandada hacer por el Mayordomo de la cofradía de la Santa Vera Cruz y que lleva la fecha de 1786. La junta rectora está compuesta por “un mayordomo, un alcalde, un contador y un andador (este último es el encargado de avisar a los cofrades la víspera por la noche de la hora de la misa); como sale siempre de noche cuando no anda nadie por la calle, se le llama “espantaperros””. El fin primordial que aparece en los estatutos, es el de enterrar a los difuntos, velados cuando están de cuerpo presente y rezar por ellos una serie de devociones. Hoy día y desde tiempo inmemorial, el día de la fiesta de Santa Cruz, 3 de mayo, después de la procesión que se hace por la tarde, se juntan todos los cofrades para el reparto del pan. A cada hermano se le da una hogaza pequeña, o lo que estipule la cofradía; este pan ha sido previamente bendecido por el sacerdote que asiste al acto. Aunque el pan se lleva a casa, sin embargo en esta reunión todos los hermanos juntos comen pan y beben vino. Las explicaciones que nos han dado de este acto de comensalismo, es que esto se hace como recuerdo de un tiempo en el cual la cofradía repartía limosnas a los pobres y les daba pan. A nuestro juicio esta explicación no parece muy probable, puesto que, repasando los estatutos, nunca hemos visto, ni siquiera veladamente, una alusión al re­parto de limosnas por la cofradía. Sí hemos visto, y esto hasta la saciedad, que todo lo que se haga debe tener como fin los fieles difuntos; pues bien, el hecho de juntarse el pueblo a comer pan y beber vino, es un rito que se puede aplicar en sufragio de los difuntos. Es una costumbre documen­tada desde los primeros tiempos del cristianismo, como se puede ver en algunas lápidas de las cata­cumbas. San Agustín nos habla de que esta costumbre estaba muy arraigada entre los cristianos del Norte de Africa, y que en su tiempo había sido prohibida en Milán por el Obispo Ambrosio. Entre los vaqueiros de alzada, se conserva hoy la costumbre de juntarse a comer pan y beber vino, como recuerdo de la época en la que se hacían verdaderos banquetes. En la Edad Media tenemos noticias de este ágape, o refrigerium aplicado a los difuntos, por uno de los cánones del Concilio de Coyanza, reunido bajo Fernando I hacia el 1050 que dice: “… los clérigos y seglares que asisten al convite de un duelo, de tal manera han de comer el pan del difunto, que hagan algo bueno por su alma…”. En Alcuetas, hasta hace muy poco, después de dar tierra al cadáver, los cofrades y demás asistentes iban a la puerta de la casa del difunto, donde después de rezar una vez más por su alma, los familiares sacaban una mesa cubierta con un paño, encima de la cual colocaban una hogaza de pan y vasos para el vino. Todos los asistentes participaban comiendo y bebiendo. Así pues, queda claro cómo el pan y el vino del día de Santa Cruz, hay que insertarlo en estas coordenadas de ayuda a los difuntos, que como hemos dicho es el fin primero y único de la cofradía.

Por otra parte hay que tener en cuenta que el acto de reunión alrededor del pan es un acto de comensalismo, donde los vecinos, unidos por unos vínculos religiosos, refuerzan entre sí los lazos de hermandad y unidad. A la cofradía sólo pueden pertenecer los vecinos del pueblo, y son veci­nos los que han nacido en el pueblo o los que se han casado con alguna mujer del pueblo.

El titular de la cofradía, como ya hemos dicho, es una imagen de Cristo en la Cruz; esta ima­gen tiene un paño blanco enrollado a los brazos, que le cuelga a ambos lados; en las procesiones de la cofradía el Mayordomo, que es el que lo lleva, va siempre con camisa blanca y sin chaqueta, haga frío o calor.

Algunas Fiestas Religiosas

Hay una serie de fiestas religiosas indicativo de una religiosidad nacida de la necesidad de la ayuda de los santos en los trabajos agrícolas y ganaderos del pueblo.

La fiesta patronal se celebra el día 8 de septiembre, y es como un rito de acción de gracias por las cosechas recibidas, un regocijarse después de los duros trabajos del verano. Sin embargo, además de ésta, a lo largo de todo el año se celebran varias fiestas y cultos, en fechas claves para propiciar buenas cosechas, fecundidad en los animales, en las personas, etc. La primera, cronológicamente ha­blando, es la de S. Antón, el 17 de enero, “fiesta de los animales”. Este día “… el presidente del pueblo salía por casa de los vecinos a pedir para echarle una misa al Santo como abogado de los ani­males, para que les librase de las enfermedades”. El día 1 de febrero se celebraba la de Santa Brí­gida, abogada y guardiana de las viñas. “La víspera tocaban las campanas, porque decían que así había buena cosecha de vino”. También se celebran las rogativas de mayo, para pedir la lluvia. La más impor­tante de éstas es la ya dicha fiesta de Santa Cruz.

Los Votos de la Villa

Los votos de villa eran fiestas especiales que la villa dedicaba a honrar a algún santo o a la Virgen, en acción de gracias por favores especiales. La junta vecinal pagaba la misa que se decía ese día. Los vecinos del pueblo no podían trabajar, puesto que era fiesta de primera clase para ellos, y los forasteros tampoco podían trabajar en el término municipal del pueblo que celebraba el voto, so pena de exponerse a las iras de los vecinos, que expulsaban violentamente del término a quien ese día se atrevía a trabajar. Es una especie de consagración del ámbito rural, personas, animales y demás ense­res agrícolas a una divinidad, en acto de sumisión y acción de gracias, por un lado, y, por otro, en un intento propiciatorio para pedir futuros bienes y cosechas. Las fiestas que se celebran con este carácter no pueden ser más elocuentes: Santa Brígida, 1 de febrero, es la fiesta de los mozos; éstos “piden por las casas y con lo que les dan hacen una merienda y están toda la noche tocando las campanas con el fin de ahuyentar las nubes de pedrisco y de lluvia mala todo el resto del año; cuando a los mozos se les da algo ellos dicen “que Santa Brígida te preñe los varcillares” (viñas) y si no les dan nada dicen “que te los apedree””. Así pues, vemos que la Santa tiene en su poder cerrar y abrir las compuertas del cielo para dejar paso a la piedra tan temida por los agricultores.

Otro voto de villa es “La Virgen de Raneros”. “Esta imagen fue encontrada en la raya entre Zalamillas y Alcuetas; los dos pueblos quisieron llevarla, pero con los de Alcuetas, que tenían mejor pareja “no quiso venir”: los bueyes no podían con ella. Sin embargo, con los de Zalamillas, que tenían peor pareja de bueyes, se fue con ellos”. La Virgen de Raneros se celebraba el martes después de la Ascensión, o sea en plena época de rogativas; es una fiesta en una fecha en la que todo el campo castellano-leonés se va detrás de sus imágenes para pedir la tan codiciada lluvia. Llama la atención, a primera vista, que un pueblo que ha recibido “calabazas” de una Virgen al marcharse con sus vecinos rivales del pueblo de al lado, la encumbre de esa manera, sin embargo hay que tener en cuenta: Alcuetas reconoce el carácter milagrero de la Virgen, y por eso celebra su fiesta, pero no quiere someterse a los de Zalamillas, cosa que haría si fuese fuera de sus límites a venerar su devoción. Hay por lo tanto dos sentimientos casi contrarios, por un lado está la devoción a una imagen beneficiosa para la agricultura, y, por otro, el sentimiento de orgullo de comunidad, que no quiere someterse a los vecinos. Para salvar estas contradicciones, Alcuetas ha elevado a la categoría de “voto de villa”, celebra la fiesta con el mayor esplendor posible, y así se evitan el ir a venerar a la Virgen fuera de su territorio.

El otro “voto de villa” estaba dedicado a S. Gregorio, un santo extraño a toda actividad agrícola y ganadera. En un pueblo de la misma comarca, en el vecino de Fuentes de Carbajal, unos ancianos me dijeron que el “voto de villa”, que también aquí se celebra, se debía a que este santo es abogado de la fecundidad de la mujer.

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